El nombre de Luisa Roldán, más conocida como la Roldana, ha resonado en los últimos años con cada vez más frecuencia, entre las salas de exposición de nuestro país. Hoy queremos dedicarle a ella esta noticia, ya que poca gente sabe que sus obras ocupan muchos de los espacios sacros más importantes de nuestro país, como lo es la catedral de Cádiz.
Nació en Sevilla en 1652 como hija de Pedro Roldán, relevante figura dentro de la escuela sevillana del XVII. Su etapa inicial de formación estuvo marcada por la instrucción recibida en el taller de su padre, junto con dos hermanas suyas, donde se cree que se familiarizó con el dibujo del cuerpo humano (pese a estar prohibido para las mujeres). En esta etapa inicial, adquirió nociones de modelado y formación iconográfica influida por las consignas de Pacheco.
Comienza así a participar en la realización de pequeños grupos de terracota y de pasos procesionales de madera policromada, como es el del Misterio de la Exaltación, del que se sabe con exactitud que los dos ladrones que lo conforman son suyos, dotándolos de un modelado blando y mórbido, y notándose ese tratamiento abocetado del cabello propio de la herencia paterna. Otro detalle a comentar de este periodo es la representación de la corona de espinas, elemento destacado de la escuela sevillana desde maestros como Montañés, hasta otros más coetáneos como Juan de Mesa, quien pudo haberle sugerido la representación de la boca entreabierta en sus Cristos (tal como deja plasmado este en su Señor del Gran Poder).
Será a partir de contraer matrimonio con Juan de los Arcos que empieza a notarse un significativo cambio en su trayectoria, al marcar distancia del taller paterno y encontrarse en la ciudad con un panorama artístico que dificultaba su establecimiento como artista. Deciden pues mudarse a Cádiz en 1686, donde residirían dos o tres años. Antes del traslado del matrimonio a la nueva urbe, son esculpidas una serie de obras en Sevilla que luego serán enviadas a Cádiz, siendo este el caso del Ecce Homo que hoy nos ocupa, y que fue destinado a la catedral . Se trata, además, de su primera obra documentada en esta ciudad. Traducido literalmente como « Este Hombre», este término hace referencia a las palabras pronunciadas por Poncio Pilato cuando mostró en el balcón del Pretorio a Jesús azotado y coronado con una corona de espinas, ante una furiosa multitud. Junto a las Dolorosas fue de las temáticas que más exitosamente proliferó en el barroco andaluz, gracias a su capacidad de transitar entre el realismo patético y la espiritualidad contrarreformista.
Este Ecce Homo de la catedral de Cádiz se trata de una de las obras más llamativas de la Roldana. No fue hasta unos trabajos de reconstrucción encargados por el cabildo catedralicio en 1984 que se descubrió la verdadera autoría de la obra, al ser encontrado dentro de la propia efigie un documento escrito, en el cual se dicta la fecha de finiquito de esta obra y en el que se la nombra junto a su esposo, Luis Antonio de los Arcos. Además el pergamino presenta en su reverso unos dibujos a grafito, realizados de forma magistral, tratándose de los primeros conocidos de la autora hasta el momento.
La escultura, de 1,65m de altura, se muestra erguida con la cabeza ligeramente inclinada hacia abajo, apoyando todo el peso sobre la pierna derecha, mientras que la izquierda se encuentra en actitud de descanso. Presenta el torso al descubierto con la zona de la pelvis cubierta por un paño de pureza blanco, a la vez que porta una exuberante clámide púrpura a la espalda.
Es curioso pensar que la pose que inspiró a la Roldana para crear esta obra en 1684 se trataría de un grabado de un Ecce Homo elaborado por Durero en 1512.
Si nos centramos en la emotividad de su rostro, vemos que cuenta con ojos de cristal que contribuyen al patetismo de la imagen, así como una boca entreabierta. Asimismo es apreciable aquí el espectacular tratamiento que hace del cabello desmelenado y hacia atrás como un rasgo característico en su obra; un rasgo inusual en la escultura de la época, ya que se tendía a recoger el pelo para atrás y hacia el lado izquierdo. Este desmelenamiento también lo vemos en otro grupo escultórico presente en la catedral gaditana y que se encuentra dentro de su propia capilla: los santos patronos de la ciudad de Cádiz, San Servando y San Germán, donde el primero es de ella y el segundo de su padre.
También guardaban similitudes con este Ecce Homo catedralicio los Ladrones de la Exaltación antes mencionados, sobre todo en lo que respecta a la pose (aunque estos tengan las manos atadas por detrás) y en el Cristo la cabellera posee más fuerza e impresionismo con róleos realmente trabajados. En cuanto a labores de policromía y dorado en diversas de sus esculturas trabajará con su cuñado, Tomás de los Arcos.
La estancia de la Roldana en Cádiz es vista como un periodo de transición entre sus primeros años de formación en Sevilla y su posterior estancia en Madrid, donde alcanzaría su más alto reconocimiento como Escultora de Cámara de Carlos II y donde trabajará hasta su fallecimiento en 1706. De esta etapa nos gustaría destacar la que se ha considerado como su última obra y que también podemos poner en relación con su Ecce Homo de Cádiz. Se trata del Nazareno de Sisante, que originalmente iba a ser un regalo del rey Carlos II al papa Inocencio XII, pero al fallecer ambos, termina en la localidad conquense de Sisante. En esta obra volvemos a ver el tratamiento ondulante del cabello, así como la corona de espinas propia del periodo sevillano.
Concluimos pues este recorrido por la trayectoria artística de la Roldana. Una artista que permite conocer una representación de temas sacros desde una mirada diferente e influyente. Luisa Roldán es un ejemplo de que la genialidad puede encontrarse también fuera de los grandes círculos artísticos y en personalidades que, si bien nuestra tradición y sociedad insiste en dejar apartados, el tiempo acaba dotándolas de la importancia que se merecen.
Este artículo es además una invitación para adentrarnos a la catedral de Cádiz y dejarnos conmover por la expresividad artística de esta increíble escultura a la que hoy hemos querido dedicar estas líneas.