Sabemos que la historia del arte está conformada por diversos estilos artísticos que nos ayudan a clasificar épocas, periodos y características comunes: románico, gótico, renacimiento, barroco… Pero, ¿habían escuchado alguna vez hablar de “estilo churrigueresco”? Hoy queremos dar a conocer su origen y su importancia en nuestro país. El estilo Churrigueresco surge como una evolución del Barroco español. Aparece por primera vez mencionado en la obra de Antonio Ponz conocida como “Viage de España”, como un derivado del apellido del artista José Benito de Churriguera, el cual empezó a ser reconocido cuando ganó el concurso sobre la traza del túmulo para la reina María Luisa de Orleans. En ella, se lo menciona de una forma despectiva, ya que se lo identifica como algo ridículo, disparatado, frenético y monstruoso. Esto se debe a que Ponz estaba más interesado por los ideales del buen gusto establecidos por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
En realidad, este estilo hace alusión a aquella arquitectura recargada, a la deformidad, así como a la desproporción, algo que ya se encontraba bastante presente durante el Barroco español y que perduró hasta principios del siglo XVIII. La influencia fue tan grande que llegó incluso hasta el virreinato de Nueva España (México), donde en este último se mantuvo hasta finales del siglo XVIII.
Es interesante señalar que el estilo Churrigueresco no buscaba una concepción formal de la belleza. Es más, se centraba en aquellas preferencias relacionadas con la imaginación y la intuición, así como por aquellos principios relacionados con el gusto subjetivo.
Junto a Ponz, destaca Juan Agustín Ceán Bermúdez, quien en uno de sus discursos vincula a Churriguera con Borromini. Lo hace ya que para él ambos son los responsables de romper con los ideales del buen gusto, debido a que se centran en el empleo de la deformidad arquitectónica, así como en el predominio de lo ornamental frente a lo estructural.
En el año 1777, el rey Carlos III estableció un decreto debido a la sobrecarga decorativa de los retablos, así como de la arquitectura, desautorizando el estilo Churrigueresco y el Barroco ornamental. Retomó de nuevo esos ideales relacionados con el buen gusto, como son las líneas clásicas, dejando atrás aquello que tiene que ver con lo sobrecargado. Con esto se entiende la desaparición de aquellos elementos arquitectónicos relacionados con este estilo, como ocurrió por ejemplo con los retablos, donde algunos acabaron siendo sustituidos por otros que emplearan esa estética del buen gusto.
Es por ello que, aunque este estilo fuese despreciado por muchos, el que se emplease a pesar de estas dificultades nos habla de ese gusto subjetivo por parte de la sociedad. Y esto se puede apreciar en una de las Capillas de la Nave Epístola de la catedral de Astorga, concretamente en la Capilla de San Lorenzo. En esta capilla se encuentra un suntuoso retablo de estilo Churrigueresco, en el que se pueden observar unas columnas salomónicas combinadas con unas columnas ajarronadas, muy típicas del Barroco leonés.
En el centro, se encuentra una hornacina en la cual se encuentra la figura escultórica de San Lorenzo. Este se encuentra sosteniendo una parrilla en alusión a su historia, ya que fue perseguido por el emperador Valeriano en el siglo II, para posteriormente ser condenado a morir de una manera lenta en la parrilla. A ambos lados de la hornacina se encuentran presentes unas columnas típicas de este estilo, las cuales son conocidas como estípites. En general este retablo presenta una sobrecarga ornamental geométrica bastante destacable, así como un marcado juego con continuos entrantes y salientes; lo que da un gran movimiento a la propia estructura.
Sin duda, esta capilla de la catedral de Astorga muestra la esencia de este estilo Churrigueresco, tan especial y peculiar dentro de la Historia del Arte. Una oportunidad única de contemplar de cerca uno de nuestros estilos artísticos más elaborados y complejos, que nadie se debería perder.